A la Primera Cita.

erotismo-999

Pasado el tiempo y el berrinche atroz del capricho, recordé inusualmente su forma, escuchando  a Pedro Guerra  y  fabricando  algo  para  el  ardor  de  estómago, mientras  calentaba  la  cuchara y ponía  la  aguja,  me  descubrió en  ropa  interior  el recuerdo  de  su  tono de  voz, esa  complicidad  que  afloraba  en nuestra  amistad, ésa  la  misma  que  una  noche  casi  la  hizo mía  en el  hotel de  las  luces purpuras.

Entonces cante  un poco  y  apreté el  nudo que  se  formaba en la  garganta, mientras   descifraba  la  estrategia  perfecta  para  vencer  mis  leyes  y  orgullo  político,  camine  lentamente  al  ordenador,  y  entretejí  algunas  letras, mientras  de  alguna  forma  hallaba el medio preciso  para  poder  hacerlas  a tus  oídos,  profanamente  desnude  tu  nombre,  recordé  la  textura de  tu  piel, y  el  suave ardor de  las  medias  veladas  que  tenías  esa  noche,  también  el  molesto  cierre  de  tu  falda  negra, recordé  la  marca de las  cervezas,  el  tabaco y la  voz de la  camarera, si  me  fui  adentrando paso  a paso  en ese  hotel  a  la  cama, me  estaba  quedando  dormido  sobre  tus  nalgas  que  masajeaba en el  recuerdo.

Busque tu teléfono, quise llamar para saber cómo andaba tu nave, pero de forma radical la libreta grito su ausencia, entonces busque enviar un mensaje.  Pero de forma trágica la pantalla grito mi inoportuna visita, entonces compuse unas letras en hoja, las embutí en un sobre y   cuando me dispuse a colocar tu dirección, mi mente torpe lloro su recuerdo, pues lo  había  olvidado, de alguna  manera  ya las  cosas estaban dichas.

En la simpleza de mi alcoba oscura, recordé el crujir de tus manos al acariciar el porro, me deleite al recordar la forma de tus pies, la armónica forma de tu espalda, y la sutil belleza que tenía tu voz en las  mañanas, querida  compañera,  tu pelo y tus labios como  añoranzas  atizan el fuego que  arde  en mis  venas en el  brazo izquierdo, rebelde y con causa  tal como tú.  Sin poder decírtelo fuiste tan mía y yo tan tuyo, que ese compromiso nos espantó, te sentiste atada a algo que no podías controlar, y yo orgulloso y talante me  trague  él  no te  vayas,  me guarde el sexo, me quede con las  manos llenas de cosas  que nunca podrán pasar.  En la distancia y atado a mi vida real,  un  abrazo  profundo y hondo como el oscuro de  tu pelo y tus ojos,  desnúdate y  hazte  tuya mientras  recuerdas  que  nunca  salimos de  ese  viejo hotel.

Jhonatan Salazar Hernadez

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