CAMINO DE PÉTALOS.

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En la noche oscura mientras caminaba de su mano, noté que, entre las sombras de las hojas, se entretejían pétalos de colores, me sorprendí al no notarlo antes, pues todo estaba gris   rodeado de un frio característico de esta zona. En el piso plateado casi flotando estaban regados los pétalos que   al ser tocados por mis pies se hacían bruma.

De mil colores y formas, uno tras otros seguían el camino de las voces que al igual que ellos parecían fantasmales, en la noche y entre estas calles pequeñas se oía el eco de un tambor que con cada golpe hacia vibrar mi corazón.  Además de que se estremecía mi ser al escuchar estos rezos, que murmurados como susurros se deslizaban en el aire hasta los cristales de las ventanas que empañadas casi congeladas dibujaban las frases profanas.

Nos debatimos con mi compañera de viaje, ¿pero como no? tan misteriosa visión era como las migas de pan de ese viejo cuento. Nos miramos y sin vacilar comenzamos a seguir las voces y los pétalos, al pasar el rio en un puente pude mirar que en la sima de aquella cuesta un niño vestido de blanco con algo parecido a un cono en su cabeza nos miraba y de inmediato daba la espalda para seguir estas sombras que se dirigían a la plaza del pequeño pueblo.   Nos dejamos seducir por las luciérnagas que desfilaban por el   cielo, caminamos  por  la  acera  de  las  casas  viejas, llegamos  hasta  donde estaba  el  tumulto  de  gente, todos  portaban   velones  viejos derramando  la  cera  en sus  manos  como si no  sintieran el calor  que   estas  emanaban, al  mirar  sus  ojos   encontré  que  todos  tenían cierto  brillo.

Pero que hacíamos ahí, como llegamos a esta fantasía, muy simple la rutina nos tenía  arrinconados en un estrés constante, de esta manera decidimos encender el motor, tiramos  unos  dados  al aire  y  sencillamente  vimos  el  letrero  pequeño  y  bizarro  que  marcaba  ese  destino,  ya  en el  hotel  mientras  nos  vestíamos  empezó  el  suceso,   los  tabores,  los  susurros,  cuando  baje  a investigar el  portero no estaba en ningún lado  es  más  la  recepción estaba vacía  por  lo  que  decidimos  salir  dotados  de las  llaves  del  cuarto  y  una  goma de mascar  con tabaco , bueno regresemos  a  el  brillo de los  ojos,  curiosamente  todo  el  pueblo estaba en ese  lugar  mientras  adoraban a una  especia  de santo  hecho de  piedra,  los  más pequeños  tiraban pétalos de flores  mientras  la  piedra  parecía  flotar  sobre  los  hombros de  los  adeptos.

Estábamos  ahí enfrente  de  una  curiosa  cultura, no  sabíamos  que  decir  cómo actuar  o  si  debíamos  mostrar  asombro, al  paso  de algunos minutos todos  centraron su  mirada  en nosotros,   es  lo  último que  recuerdo,  desperté  la mañana siguiente  mientras  el portero  tocaba la  puerta  y  entraba con un poco de  café,  mi  compañera estaba  a mi  lado  inconsciente mientras el   camarero  insistía  en que  el  hotel  cerraría  pronto  debíamos  partir.

 

Continuara.

 

Secuela RASTROS DE LAS SOMBRAS,

 

Jhonatan Salazar Hernadez

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